Cuando Michael era pequeño, era alegre y juguetón, siempre regalando sonrisas a todos sin importar si los conocía o no.
Cuando Michael creció, se hizo más serio, y empezó a preocuparse más por la vida y su curso.
Y al ser mayor, Michael No era nada de lo que fue de niño.
Solo hubo una cosa que no cambio.
Michael no decía Adiós.
Al entrar en una habitación, saludaba a todos, con alegría, formal, informal de todas maneras saludaba.
Pero al irse, el no decía nada, simplemente se iba.
Michael decía, que al decir adiós, sentía que era su despedida, que si el decía adiós, nunca volvería a verlos, que alguien moriría.
Y entonces, Michael no decía Adiós.
Cierto día en la calle, el iba caminando directo a su trabajo, con su fino traja color azul marino y su corbata muy bien arreglado, balanceaba ligeramente su portafolio al caminar.
Michael iba pensando en unos negocios que tenia, y al estar tan concentrado, no se da cuenta cuando empuja a una chica, haciendo que caiga a un charco de agua.
—Disculpe señorita, fue completamente mi error— Se disculpa Michael apenado mientras ayuda a levantar a la chica.
Era una chica castaña, de unos hermosos ojos verdes, vestida con un vestido floreado, y una vieja mochila verde.
—Acepto que fue su completo error—dijo ella mientras se sacudía, si es que era posible, el agua del vestido. — Pero créame, deje de saltar en charcos de agua desde que tenía 8— Dijo ella con una linda sonrisa enmarcada por sus hoyuelos.
El solo pudo sonreír de vuelta.
—Michael— Dice el estirando su mano para presentarse.
—Keira— contesta ella tomando la mano.
Después del altercado, el se ofrece en acompañarla a su casa para que se cambie, antes de que contraiga un resfriado.
Ella acepta.
—Quieres tomar un café?— Pregunta el, una vez cambiada ella
—Estaba esperando que lo dijera— Dice ella sonriendo.
El nunca se cansaría de verla sonreír.
Van a un café cercano, el con la intención de disculparse, ella con la intensión de que le pidiera él una cita.
Servidos el café se preguntan a lo que se dedican.
—Soy empresario, dirijo las empresas que mi padre me heredo.
—Eso explica las ojeras y el traje amargado.
El ríe de su comentario.
—Yo soy artista— Le dice ella.
—En serio?
—Yep! Soy pintora bailarina y toco música.
—Wow
—Sí, eso explica mi mochila manchada y pintarrajeada. — Dice Keira mostrando su mochila llena de pintura con dibujos pintados con plumas y lápices, sin contar las notas musicales.
Su conversación se torna interesante, haciendo preguntas sobre sus vidas, sintiendo cada uno, como si ya se conociesen.
Una pregunta llevaba a otra, haciendo una ramificación de miles de pensamientos y sentimientos.
Llega la noche llevándose el esplendor del día.
—Supongo que tengo que irme—Dice Keira mirando el cielo mientras aparecen una a una las estrellas ocultas antes por el sol
—Supongo que yo también — Dice Michael decepcionado.
Se levantan y se dirigen a la puerta con ese sentimiento de no quererse dejar ir.
—Así se rompe la burbuja no?
—Con un pinchazo de la oscuridad— Contesta el mirando a la Luna.
—Adiós Michael, espero me vuelvas a empujar.
—Adiós Keira, espero que en verdad esto sea especial.
Cada quien toma su camino, y a la mitad de la calle, se da cuenta de lo que había hecho.
Había dicho por primera vez Adiós.
Ahora pensaba que su miedo era una estupidez
Michael jamás volvió a ver a Keira.
...

3 comentarios:
Qué desgracia, qué desgracia. Justo cuando no tenía que pasar... o tal vez sí.
me gusto, pero,,,¿ Por que tenia que decir adiós??? T.T
me puse triste... por cierto me gusta la canción con la que abre tu blog
No pinches ma'''
Que mal, que mal.
Es la verdad. Uno no debería decir Adiós.
sino un Te veré después po algo así.
Lo he amado Mel, es hermosísimo *-*
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